El
ejecutivo federal debe agradecer dos cosas; la primera que no estamos en la
década de los noventas y segundo que a nivel internacional no le toman en
serio.
Lo
anterior lo digo por la siguiente razón; SUS CONFERENCIAS MATUTINAS DIARIAS. Al
principio pues yo lo tomé con filosofía y dije, que haga sus conferencias
matutinas, al fin, mayor desgaste para él, como economista dije, con no verlo
basta.
Y así
fue, hasta que el Subsecretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera
Gutiérrez declaró que no había dinero suficiente para realizar el proyecto de
la Refinería de Dos Bocas en Tabasco. Lo primera reacción del mercado fue una
apreciación del peso con respecto a la moneda de nuestro vecino del norte.
Empero,
no duraría mucho, a pregunta expresa al presidente sobre la declaración del
Subsecretario Herrera, éste lo desmintió y dijo que se haría la Refinería,
misma afirmación de su secretaria de energía, por ende, el peso regreso a sus niveles
con respecto al dólar americano.
Es
cuando caí en cuenta, ¡Qué cortos de memoria somos! Y que tan lejos estamos de
la década de los 90’s. Para los que no lo saben, al iniciar la década a los
noventas del fin de milenio pasado, México entraba a la década después de
sufrir varias crisis económicas e hiperinflaciones severas.
Ya se
había firmado el acuerdo del GATT, Arancel y Comercio, básicamente, dejando
atrás el seguir siendo una economía cerrada. El gobierno entrante del
presidente Carlos Salinas de Gortari, le quitaba tres ceros a la moneda y se
aplicaban reformas para mejorar las finanzas públicas y salir de la crisis.
Por
cuestiones políticas y electorales, no se quiso dejar la libre flotación de la
moneda, el único adeudo que dejó el presidente Salinas y que su sucesor Ernesto
Zedillo se le salió de control a inicio de su sexenio. Había chistes sobre el
secretario de hacienda, quien salía a decir que había una ampliación de las
bandas, hasta que, se ve, que estas reventaron.
En
diciembre de 1994 estalla la crisis y el tipo de cambio se fue de 3 pesos por
dólar a 9, es decir, tres veces más. Eso reventó a los bancos y muchas personas
que tenían deudas ya que, para el colmo se cayó en una incapacidad de pagos
propiciada desde el mismo gobierno.
La crisis
duró poco, 3 años, gracias a que éramos una economía ya abierta al mundo.
Fueron las exportaciones y el turismo, que se abarataron, los que nos sacaron
adelante en esa ocasión. Pero esos gobiernos cuidaron mucho lo que se hacía y
decía, ya que cualquier acción provocaba la huida de capitales.
Se
hablaba mucho del término de capitales golondrinos que sufríamos economías como
la de México y otros países de Latino América. Al Efecto Tequila, como se le llamó a nuestra crisis que impactó en
otros países, vinieron el efecto Samba,
el efecto Vodka y concluyeron con el
efecto Tango que remató a los pobres
argentinos que no veían tocar fondo.
Hoy en día,
tenemos en presidencia a un ególatra y megalómano que le encanta salir en las
noticias y televisores toda la mañana, y que, debido a la fortaleza de las
finanzas del país aunado a su poca credibilidad a nivel internacional, por el
momento, si provocó fugas de inversiones, pero no de capitales ni especulación.
Veamos cuanto le dura su flatulencia verbal de las mañanas. Al tiempo.
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