La
situación que vive hoy en día en México me trae la remembranza de dos cuentos
que leí cuando era niño y están vigentes sus enseñanzas; El traje nuevo del Emperador de Hans Christian Andersen y El Burro con Piel de León fábula de
Esopo.
Empezaré
con la fábula de Esopo que narra como un burro encontró una piel de león, se la
puso y los animales le huían hasta que quiso rugir como el felino y le salió un
relincho pollino. Queda claro que el presidente llegó con un fuerte bono democrático que hay que analizar.
Sin embargo y, gracias a sus encuestas ese punch con el que ganó se pone en
entredicho.
Dos de
cada 100 personas que votaron por él, acudieron a la encuesta para cancelar el
NAIM de Texcoco. Por ende, soy bastante escéptico con ese bono democrático que trae y mucho menos con el avance en confianza
que le dan las encuestas. Las mismas no dicen donde se realizó cual fue el
universo, etc.
Ahora,
por importancia, y en relación a esa popularidad
del presidente, relacionaré la historia con el cuento de Andersen. Éste
narra como un par de bribones le ofrecen un traje sin igual al emperador y que
solo pueden ver los inteligentes, los tontos no. Es así como los contrata y
empiezan a confeccionarlo mientras se corre la voz.
Al no
querer quedar nadie como tonto, desde el Emperador hasta el más humilde de los
cortesanos fingen ver las telas y el traje según los sastres lo van avanzando.
Al final, el emperador decide estrenar su traje ante su pueblo cuando en plena
ceremonia una inocente niña grita; “El
emperador está desnudo”.
Aquí viene la
otra parte de la triste historia de nuestro presidente. Los sastres son los
dueños de las encuestadoras que él paga, la prensa que TODOS los días tienen
trabajo gracias a sus interminables y aburridas conferencias matutinas y los empresarios
que, por cuidar sus negocios y las familias que dependen del mismo, le
confeccionan un traje “que solo los
inteligentes ven”.
Desgraciadamente,
tanto el presidente, como su ignominioso gabinete sin olvidar a sus fanáticos
seguidores no ven dicho traje, pero dicen verlo para no parecer tontos. Lo
cierto es que, tarde o temprano, alguien de esos seguidores le gritará al
presidente que está desnudo y él se dará cuenta de la triste y lamentable
realidad.
El presidente
no está demostrando un proyecto, ni político ni social mucho menos económico.
Esa es la realidad que los tontos no quieren ver. Está destruyendo toda
institucionalidad que beneficiaba al país y se brinca cualquier ley ante la
ceguera de sus feligreses que, no solo lo defienden a capa y espada, hasta le
aplauden las tonterías que dice y que no perdonaban a presidentes anteriores.
La realidad,
es el que el presidente está desnudo y muestra sus miserias e ignorancia
mientras es adulado por gente ladina y egoísta como Manuel Bartlett Díaz, Raúl
Salinas Pliego (cuya empresa es la principal acreedora del PRD gracias al
presidente cuando fue Jefe de Gobierno), José María Rioboó y de otros empresarios,
así como encuestadoras que le “confeccionan” el traje a la medida con tal de
obtener buenos negocios bajo su cobijo y así acrecentar o mantener sus
prebendas. Al tiempo.
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