Hace
poco, un paisano del presidente me decía que él era impredecible. Recientemente
que lo volví a ver le dije, “No es tan impredecible, es un personaje zafio y por
ende muy básico”. Lo mueven el ego y las vísceras.
También
me comentó que al ejecutivo tampoco le interesa el dinero. Lo dudo, con su ADN
priísta, creo que si tiene la máxima de Hank González de que “Un político pobre
es un pobre político”.
Basándome
en estas dos premisas continuaré mi relato. Empezaré con el error que hace que
este gobierno nazca muerto, el NAIM de Texcoco. La cancelación proviene de que
tanto él como su contratista de cabecera, el Ing. José María Rioboó, no
resultaron beneficiados económicamente.
Es decir,
y, me atrevo a acusarlos, de que se quería hacer un negocio “neoliberal” de compadres, al viejo
estilo del mexicanismo revolucionario.
Podrán
decir, sin pruebas, que hubo corrupción en los contratos, que tan solo 2 de
cada 100 de sus votantes en los comicios del año pasado optaron por la
cancelación del mismo en una consulta ilegal donde abundaron las viejas
prácticas priístas.
Obviamente
y, aquí me apoyo con el comentario de su hermano Arturo López Obrador, de que
al presidente le gusta sentir su poder y que se le reconozca con respeto, que
mejor manera de hacerlo valer que imponiéndose con un manotazo en la mesa. Así
lo hizo ver cuando amenazó con que no era un “florero” y que la decisión estaba
tomada. Hizo valer la fuerza de su poder.
Es por
ello que, el jefe del ejecutivo se vanagloria de esa imagen “divina” que tiene,
donde él y solo él es honesto y su dedo puede señalar a los demás. Así el viole
la ley que, en su toma de posesión juró valer y hacer valer la Constitución y
las leyes que de ella emanen, él actúa de forma recta y honesta, según su
criterio.
Eso me
llevó a hacerle otro cuestionamiento a esta persona; ¿El presidente es inmoral o amoral? Es decir, entiende la
diferencia entre lo que está bien y está mal o simplemente NO LO ENTIENDE. Es mi gran duda, me quedo con ambas, aunque
psicológicamente admito es de preocupar.
Lo
anterior debido a que; ¿Qué está bien o
que está mal? O se rige por la máxima maquiavélica del fin justifica los medios. Tema también delicado ya que el
presidente se fija un bien que, no necesariamente es el bien de todos. Como fue el caso del NAIM en Texcoco.
Lo
mismo, se licita obra pública mediante adjudicación directa violando así la
Ley, pero no hay problema ya que el presidente tiene la conciencia tranquila,
aunque no le guste la transparencia. Como sucedió con los segundos pisos de la
Ciudad de México.
Algo
que concluimos en esta temática es que; “el
camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. No dudo que él quiera
tener buenas intenciones, sin embargo y, citando al Cardenal Wolsey sobre
Enrique VIII; “Ya le mostraron al León su
poder, ahora ¿Quién lo detiene?
A veces
la mirada del presidente se ve desorbitada, a mí parecer, recuerda a esos
discursos vehementes de Adolfo Hitler, sin esa oratoria, obviamente. Lo cierto
es que preocupa la salud mental y moral de quien lleva las riendas del país. A
ver si no se hace efectiva esa frase del 2006 de que, en realidad, “era un peligro para México”.
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