viernes, 15 de marzo de 2019

El perfil del presidente


Hace poco, un paisano del presidente me decía que él era impredecible. Recientemente que lo volví a ver le dije, “No es tan impredecible, es un personaje zafio y por ende muy básico”. Lo mueven el ego y las vísceras.
También me comentó que al ejecutivo tampoco le interesa el dinero. Lo dudo, con su ADN priísta, creo que si tiene la máxima de Hank González de que “Un político pobre es un pobre político”.
Basándome en estas dos premisas continuaré mi relato. Empezaré con el error que hace que este gobierno nazca muerto, el NAIM de Texcoco. La cancelación proviene de que tanto él como su contratista de cabecera, el Ing. José María Rioboó, no resultaron beneficiados económicamente.
Es decir, y, me atrevo a acusarlos, de que se quería hacer un negocio “neoliberal” de compadres, al viejo estilo del mexicanismo revolucionario.
Podrán decir, sin pruebas, que hubo corrupción en los contratos, que tan solo 2 de cada 100 de sus votantes en los comicios del año pasado optaron por la cancelación del mismo en una consulta ilegal donde abundaron las viejas prácticas priístas.
Obviamente y, aquí me apoyo con el comentario de su hermano Arturo López Obrador, de que al presidente le gusta sentir su poder y que se le reconozca con respeto, que mejor manera de hacerlo valer que imponiéndose con un manotazo en la mesa. Así lo hizo ver cuando amenazó con que no era un “florero” y que la decisión estaba tomada. Hizo valer la fuerza de su poder.
Es por ello que, el jefe del ejecutivo se vanagloria de esa imagen “divina” que tiene, donde él y solo él es honesto y su dedo puede señalar a los demás. Así el viole la ley que, en su toma de posesión juró valer y hacer valer la Constitución y las leyes que de ella emanen, él actúa de forma recta y honesta, según su criterio.
Eso me llevó a hacerle otro cuestionamiento a esta persona; ¿El presidente es inmoral o amoral? Es decir, entiende la diferencia entre lo que está bien y está mal o simplemente NO LO ENTIENDE. Es mi gran duda, me quedo con ambas, aunque psicológicamente admito es de preocupar.
Lo anterior debido a que; ¿Qué está bien o que está mal? O se rige por la máxima maquiavélica del fin justifica los medios. Tema también delicado ya que el presidente se fija un bien que, no necesariamente es el bien de todos. Como fue el caso del NAIM en Texcoco.
Lo mismo, se licita obra pública mediante adjudicación directa violando así la Ley, pero no hay problema ya que el presidente tiene la conciencia tranquila, aunque no le guste la transparencia. Como sucedió con los segundos pisos de la Ciudad de México.
Algo que concluimos en esta temática es que; “el camino al infierno está lleno de buenas intenciones”. No dudo que él quiera tener buenas intenciones, sin embargo y, citando al Cardenal Wolsey sobre Enrique VIII; “Ya le mostraron al León su poder, ahora ¿Quién lo detiene?
A veces la mirada del presidente se ve desorbitada, a mí parecer, recuerda a esos discursos vehementes de Adolfo Hitler, sin esa oratoria, obviamente. Lo cierto es que preocupa la salud mental y moral de quien lleva las riendas del país. A ver si no se hace efectiva esa frase del 2006 de que, en realidad, “era un peligro para México”.

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