Con nadie
ha sido tan benévola la ciudadanía como con los gobiernos capitalinos emanados
del PRD. Pese a sus programas sociales que han sido una copia al carbón en
materia corporativa y clientelar del PRI y, en especial de su viejo régimen,
del cual se deriva gran parte de su corriente ideológica conocida como
nacionalismo revolucionario.
Bajo
el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, su nuevo líder moral y ahora su
sepulturero con su nuevo partido, se acabó con cualquier signo de oposición. No
sorprende, cuando la izquierda a nivel mundial se ha caracterizado por la
megalomanía de sus líderes, su autoritarismo, su totalitarismo, el fanatismo de
sus seguidores y el genocidio que han causado.
En
la Ciudad de México y, tras 19 años de gobierno, el Metro, icono del orgullo
priísta tal como lo fueron en su momento los trenes del porfiriato, se cae a
pedazos. La obra pública, dirigida a fomentar el incremento del parque
vehicular y en detrimento del medio ambiente, no se hizo mediante los procesos
de licitación que marcaban las leyes. Se sepultó la transparencia.
Se
aumentaron los tiempos en el traslado y en el transporte público impera la ley
del más fuerte en las horas pico por sobresaturación y no digamos la violación
de los derechos de los peatones. El mesías de Macuspana se negó al RC
automovilístico que. en caso de un siniestro, protegería a los afectados. ¡Primero los
pobres! Más no así los peatones atropellados.
Se
violan los derechos humanos empezando por el más elemental, el derecho a la
vida desde la concepción. El genocidio de millones de inocentes al amparo de
las leyes más perversas que han emanado de un gobierno perverso que nos hace
recordar las Leyes de Núremberg de 1935 donde se justificaba la persecución a
los judíos y así derivar en la industria de la muerte.
El
desabasto de agua derivado del cambio en los estatutos del Sistema de Agua a
fin de utilizarlo como caja chica para las campañas presidenciales de quien se
cree la salvación de México. El desvío de este recurso, afectando a las
delegaciones todavía rurales como Tláhuac, con el propósito de cubrir las
necesidades de la delegación más poblada y su nicho clientelar, Iztapalapa.
El
enriquecimiento ilícito en función a las posiciones políticas como fue el caso
del carnal del tabasqueño, Marcelo
Ebrard, quien cometió el fraude del milenio con la línea 12, pirita, del metro. Cartucho quemado que
vive hoy en día en París, producto de sus rentas, después de cotizar el costo
de vagones del metro en 16 pesos por dólar cuando estaba en 12.
En conclusión, 19 años de gasto
irresponsable que ha provocado sobreendeudamiento, corrupción descarada y
cínica, atropello de los derechos de su ciudadanía, pésimos servicios públicos
y en especial en materia de transporte público, enriquecimiento ilícito en
beneficio de sus empresas, así como tráfico de influencias y para rematar
violación a los derechos humanos.