sábado, 9 de junio de 2012

El problema de la Transparencia y las Pensiones


Recientemente, el Candidato de las Izquierdas, Andrés Manuel López Obrador, prometió que el sistema de pensiones, sería manejado 50% por el Estado. También hizo el comentario de que el IFAI no sirve para nada. Nada sorprendente de quien, como Jefe de Gobierno, se opuso a la transparencia en el manejo de las Finanzas en la Ciudad de México. Además nos hace recordar dos episodios en la historia de México, el primero cuando el Presidente Luis Echeverría Álvarez decía tajante y autoritariamente, que la política monetaria se llevaría desde los Pinos. La otra cuando el mismo Obrador mandó al diablo a las instituciones en el 2006 cuando cerró, con dinero de la ciudad, Paseo de la Reforma y sus calles aledañas y se autonombró “Presidente Legítimo”.
Algunos dirán que son medidas adecuadas. Sin embargo, poco recordarán los resultados de esas decisiones. Durante la mayor parte de esas casi 8 décadas, el Estado, a través del IMSS y sus directores, administró el sistema de pensiones, el cual casi siempre estuvo en números rojos y al borde de la bancarrota. Derivado de lo anterior, en los últimos años del priísmo, se decidió que fuera la banca quien la administrara eso, sin antes, realizar una serie de reformas como la ampliación de la edad de jubilación o el tiempo de la misma. Además, cabe recordar, los efectos de dichas decisiones a nivel mundial y en la actual crisis. En España, el Gobierno de Zapatero, dejó en número rojos el sistema de pensiones que dejó con saldo favorable Aznar. Lo mismo en Argentina con los peronistas.
Sin ser perfecto, el IFAI ha permitido proveer de transparencia en el manejo de las Finanzas Públicas. Desde luego, no está ajeno de que existan abusos. Empero, permite a la ciudadanía participar en la vida pública del país sin contar el efecto espantapájaros que tiene a fin de evitar abusos por parte de los servidores públicos. Y es que, bien saben, que se les vigila y que por ende no quedará impune cualquier mal manejo que exista durante su administración. De ahí la importancia de que existan organismos que informe a la ciudadanía así como fiscalicen las acciones de los servidores y funcionarios públicos de la Administración Federal. Algo que, ni el PRI ni el PRD han querido hacer en sus Estados o en el Gobierno del Distrito Federal.
De esta forma, en los Estados están sujetos a la discrecionalidad con la que se manejan los gastos de la Cuenta Pública. López Obrador, con su propuesta que solo nos regresa al México de los años 70, sino que pone en riesgo el dinero y patrimonio de los jubilados. También impide la participación de la ciudadanía en la vida pública de México. Es un retroceso a la Democracia y el regreso de las políticas que, provocaron en México, crisis, inflaciones, devaluaciones, desempleo y la pérdida patrimonial y de valor de los activos de millones de mexicanos, que con su trabajo y esfuerzo, forjaron un ahorro.

El Valor de la Institucionalidad


La Institucionalidad tiene un gran valor. Bien aplicada, evita que las decisiones se tomen de forma unilateral así como que haya ciertos abusos de forma individual. En una correcta forma, permite que la sociedad conviva en armonía y funcione de una forma más democrática. De ahí la importancia de un fortalecimiento institucional a fin de evitar abusos y corrupción. La Institucionalidad también puede instaurarse con el propósito de mantener un sistema corrupto que sirva como engranaje en la economía y sociedad. Ese es el México que instauró el Cardenismo Nacionalista y Revolucionario. Un sistema que mantenía viejos vicios y añadía nuevos a la situación contemporánea del país. Muchos monopolios y cotos de poder vienen de ahí.
Pocos saben que los poderosos líderes sindicales vienen del México de los años 30 y 40. Recordemos al finado líder de la CTM, Fidel Velázquez, que duro al mando desde los años 40’s y duró en el poder hasta su muerte a finales de los 90’s. Él ponía o quitaba presidentes, a ese grado era su poder. Recordemos frases célebres como: “El que se mueva no sale en la foto”. Finalmente, para el PRI no importaba la defensa de los derechos del trabajador sino el número de votos que significaba. Así lo son otros sindicatos también, como el SNTE, PEMEX o el mismo SME. No importa si el Ejido produce o no, lo que importan son sus votos, ese era el lema priísta. Sin embargo, el poder no solo se monopolizaba en el apoyo sindical.
Muchos monopolios empresariales vienen también de ese México Nacionalista de los años 30 y 40. El pan de caja con Bimbo, los monopolios de la radio o en su caso la misma Televisa, con Emilio Azcárraga Vidaurreta, que tuvo su origen precisamente en la Radio. Ese fue el México, que pese a los ideales revolucionarios de mayor justicia social, permitió y fomentó, al amparo de su sistema, un desarrollo inequitativo y monopolista en todos los ámbitos. El Estado, que administraba precisamente las pensiones, en vez de tener una vocación de servicio a la ciudadanía, se dedicaba, de forma arbitraria y unipersonal por sus directores, a tomar esas decisiones, no en beneficio de la población, sino de forma egoísta y personal.
Las crisis de los años ochenta y por consiguiente de los 90, fue resultado de esas decisiones unilaterales y egoístas, que no tenían como objetivo el bien común. Recordemos frases como: La política monetaria se llevará desde los Pinos. Hoy en día, corremos el mismo riesgo. Doce años no han sido suficientes para corregir lo que el sistema engendró durante casi 8 décadas, sin embargo y, como siempre, queda latente el riesgo a la regresión. Es por ello que, un voto de confianza, a la continuidad en estos doce años de gobierno, permiten el seguir limpiando el sistema y trabajando en la reingeniería y el fortalecimiento institucional que requiere nuestro país. El optar por regresar a cualquiera de las dos opciones revolucionarias significaría un retroceso.