El
término plebiscita remonta desde la
antigua Roma. Esa Roma que había dejado la monarquía y que se consolidaba como
una república.
Como
sabemos, en la Roma de la República prevalecían las castas; por un lado, la
nobleza patricia con sus respectivos representantes en el senado y, por el otro
lado, los plebeyos. Al principio, éstos no contaban con alguien que los
representara en digo órgano.
La
clase plebeya quedaba excluida de las grandes decisiones que se tomaban en el
Senado, y obviamente los patricios desconocían la problemática existente en las
zonas donde vivía la plebe.
Derivado
de lo anterior, la nobleza romana accedió a que los patricios se involucraran
en las decisiones que se debían de tomar en la antigua Roma. De ahí,
precisamente nace, la figura de “plebiscita”.
Por ende, plebiscito viene de plebe.
El
plebiscito romano, en su origen, permitía la designación de los jefes plebeyos, votaba normas y ejercía
jurisdicción criminal sobre las tribus de plebeyos. La característica de las
normas de interés consistía en la inviolabilidad por parte de los tribunos,
protección de las Asambleas y derecho a voto entre otros.
Posteriormente
se extendieron sus competencias a asuntos de interés general por consentimiento
del senado. Eso sucedía en una sociedad clasista como la romana. Hoy en día,
los gobiernos populistas y demagogos emplean sobremanera dicho recurso, pese a
buscar que haya igualdad y no existan diferencias de clases.
La
estrategia de dichos gobiernos tiene varias razones de ser. Si quieren imponer
una propuesta, que no cuenta con un consenso dentro del poder legislativo, pues
ellos argumentan que el pueblo estuvo a favor de ello. En caso contrario, si la
política resulta que no fue favorable, culpan al pueblo de una mala decisión.
El caso más reciente es en el Reino Unido con el famoso Brexit.
No
digo que la figura del plebiscito o referéndum no funcione en países como Suiza
con menor población y donde existe un mayor nivel de educación. Sin embargo, es
otra realidad en los países de América Latina con sus aún débiles y frágiles
democracias.
Los
líderes populistas y demagogos, abusando de las bondades de la democracia,
abusan de este recurso a fin de manipular a la sociedad, haciendo creer que la
involucran en la participación de las grandes decisiones; pero también con el
propósito de deslindarse de cualquier responsabilidad.
Lo
que es una realidad es que la famosa imagen del plebiscito no deja de ser, en
estos países, un recurso maniqueo que lleva implícito la manipulación de las
masas y que a su vez es una forma de deslindarse de cualquier responsabilidad.
A
esto cabe que se reflexione, si el líder populista y demagogo va a poner a
consulta cualquier decisión, ¿Para qué se elige por un Congreso con diputados y
senadores que representen al ciudadano? Y otra pregunta más importante, en
decisiones técnicas como la construcción de un aeropuerto ¿Está el ciudadano
calificado y educado a fin de elegir que es lo que más le conviene?