domingo, 19 de agosto de 2018

La figura del plebiscito y la consulta popular


El término plebiscita remonta desde la antigua Roma. Esa Roma que había dejado la monarquía y que se consolidaba como una república.
Como sabemos, en la Roma de la República prevalecían las castas; por un lado, la nobleza patricia con sus respectivos representantes en el senado y, por el otro lado, los plebeyos. Al principio, éstos no contaban con alguien que los representara en digo órgano.
La clase plebeya quedaba excluida de las grandes decisiones que se tomaban en el Senado, y obviamente los patricios desconocían la problemática existente en las zonas donde vivía la plebe.
Derivado de lo anterior, la nobleza romana accedió a que los patricios se involucraran en las decisiones que se debían de tomar en la antigua Roma. De ahí, precisamente nace, la figura de “plebiscita”. Por ende, plebiscito viene de plebe.
El plebiscito romano, en su origen, permitía la designación de los jefes plebeyos, votaba normas y ejercía jurisdicción criminal sobre las tribus de plebeyos. La característica de las normas de interés consistía en la inviolabilidad por parte de los tribunos, protección de las Asambleas y derecho a voto entre otros.
Posteriormente se extendieron sus competencias a asuntos de interés general por consentimiento del senado. Eso sucedía en una sociedad clasista como la romana. Hoy en día, los gobiernos populistas y demagogos emplean sobremanera dicho recurso, pese a buscar que haya igualdad y no existan diferencias de clases.
La estrategia de dichos gobiernos tiene varias razones de ser. Si quieren imponer una propuesta, que no cuenta con un consenso dentro del poder legislativo, pues ellos argumentan que el pueblo estuvo a favor de ello. En caso contrario, si la política resulta que no fue favorable, culpan al pueblo de una mala decisión. El caso más reciente es en el Reino Unido con el famoso Brexit.
No digo que la figura del plebiscito o referéndum no funcione en países como Suiza con menor población y donde existe un mayor nivel de educación. Sin embargo, es otra realidad en los países de América Latina con sus aún débiles y frágiles democracias.
Los líderes populistas y demagogos, abusando de las bondades de la democracia, abusan de este recurso a fin de manipular a la sociedad, haciendo creer que la involucran en la participación de las grandes decisiones; pero también con el propósito de deslindarse de cualquier responsabilidad.
Lo que es una realidad es que la famosa imagen del plebiscito no deja de ser, en estos países, un recurso maniqueo que lleva implícito la manipulación de las masas y que a su vez es una forma de deslindarse de cualquier responsabilidad.
A esto cabe que se reflexione, si el líder populista y demagogo va a poner a consulta cualquier decisión, ¿Para qué se elige por un Congreso con diputados y senadores que representen al ciudadano? Y otra pregunta más importante, en decisiones técnicas como la construcción de un aeropuerto ¿Está el ciudadano calificado y educado a fin de elegir que es lo que más le conviene?

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