Bastante
humillaron los mal llamados “progresistas”
de izquierda a la primera dama saliente. Independientemente de sus orígenes
y del escándalo en el que se vio involucrada con la “Casa Blanca”, la esposa del presidente saliente siempre estuvo
callada y fue discreta. Sus detractores fueron misóginos en sus ataques.
No
es así con la primera dama entrante, de la cual dicen que por primera vez
tendremos una doctora como primera dama. Una señora que con su protagonismo ya
mató a Galileo Galilei y Copérnico, al decir que el sol gira alrededor de la
tierra; confundió una cita bíblica de Jesús con otra de García Lorca, así como
el natalicio de Mandela e hizo una mala señal en una entrevista.
Tanta propaganda a favor de ella
nos hace recordar el culto a la personalidad de Elena Petrescu. Mejor conocida
como Elena Ceacescu, la esposa del presidente de la Rumania comunista hacía que
todo mundo la tratara como doctora y una científica reconocida a nivel
internacional, sin contar con papeles, como sucede con la esposa del presidente
electo de México.
Inclusive,
para mejorar los lazos con la Rumania de un Ceaucescu, que se alejó de la
extinta URSSS y así acercarse a Occidente, tuvo un trato reverencial por parte
de grandes mandatarios y de la misma Reina de Inglaterra. Así podían llegar a
un acuerdo para negociar y surtir de alimentos cuando el mismo presidente
rumano no le daba de comer a su propio pueblo.
No
olvidemos el gran teatro que montaban el presidente y la vicepresidenta del
país transilvano, en el cual hacían grandes espectáculos, pero donde solo ellos
eran los verdaderos artistas. Los participantes siempre terminaban aplaudiendo
a sus infames y ególatras líderes.
Al
final, no les sirvió de nada, capturados por un pueblo hastiado fueron juzgados
y fusilados por sus militares. La misma Elena Petrescu se atrevió a echarles en
cara a sus captores por haber “tocado a
los padres de su patria”.
Ninguna
muerte se justifica, pero tratándose de estos dos bribones que tenían a un
pueblo oprimido, en la carencia total y muriéndose de hambre se entiende tan
triste desenlace.
Es
de esperar que no se repita la historia de este lado del Atlántico con una
primera dama que, hasta el momento ostenta mucho algo que no se sabe si tiene y
que, por supuesto, no sostiene cuando sus intervenciones son igual de
desatinadas que las de su zafio marido.
Esperemos
también que, en México no prive el culto a la personalidad de pareja que,
siendo sinceros, está muy lejos de la altura de cualquier dignatario que
represente a nuestro país. También deseamos no caer en la censura y la
persecución de una tiranía roja como sucedió en los países de la cortina de
hierro o lo que se vive actualmente en países de América Latina como Cuba o
Venezuela donde hay que rendirle tributo al más tonto del país.
Como
dice el dicho; “Dime de qué presumes y te
diré de qué careces”.
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