lunes, 12 de febrero de 2018

Como deben funcionar las asociaciones civiles



Recientemente concluí un artículo que describía el círculo vicioso de la corrupción en los estados permitiendo los cacicazgos, la corrupción, el desvío de recursos económicos, pero sobre todo la impunidad. La complicidad abarcaba los tres poderes; el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Y eso permitía que, tanto en la distribución de recursos como en el orden judicial hubiera monedas de cambio.
A todo lo anterior es que sale la pregunta, si a todos nos preocupa el tema de la corrupción, ¿Cómo podemos participar con el propósito de combatirla y abatirla? ¿Cuáles son los medios o instituciones mediante las cuales la sociedad civil puede participar activamente en política y presionar de forma adecuada a sus representantes con el objeto de que éstos cumplan con sus funciones?

Un medio son las instituciones como las organizaciones civiles. Sin embargo, un día tuve el disgusto de acudir a una de ellas y trataban de problemas que a todos nos preocupaban, sin embargo, no sabían cómo atacarlo. Queda claro que a la sociedad le preocupa la inseguridad, la corrupción, el transporte público, el alza de impuestos, los aumentos de precio, etc.
De esa reunión me fui decepcionado, ya que no daban soluciones a problemas reales. Lamentablemente, dichas asociaciones han sido utilizadas con el propósito de utilizar a gente incauta como capital político en su propio beneficio y en este caso cito a la hija del Gran Maquío, Tatiana Clouthier Carillo que ya buscaba posicionarse en otros partidos como el PRI antes de llegar a MORENA.
El otro caso que, además, coincido con la Sra. Clouthier, es Gilberto Lozano González, quien vocifera sobre la corrupción, señala a los corruptos, pero no da soluciones a los grandes problemas estructurales de nuestro país. Una de las propuestas de estos grupos era el de adoptar a un diputado y revisar su trabajo legislativo. Pero ¿Qué conocimientos legislativos tenían sus vigilantes?
Muchos de estos vigilantes se limitaban a revisar que su diputado o senador no faltara, que se presentara a laborar en tiempo y forma. Empero, ¿Cómo saber su productividad? ¿Cómo saber que el trabajo que se hacía redituaba o no? ¿Cómo evaluarlos sin que hubiera una tendencia ideologizada? Por ejemplo, para algunos una reforma energética fue una traición, para otros necesaria.
Es decir, a fin de evaluarlos, se necesitaba una educación y conocimiento en la materia, de la cual me atreve a decir que hasta muchos legisladores desconocen. Una amiga de Poza Rica, en Veracruz, una vez me dijo que estaba yo más enterado de los problemas de su estado y municipio que ella. Por ende, para una democracia participativa se requiere educar a la población.

Lo segundo implicaría informar y orientar a sectores vulnerables sobre los derechos que tienen. Un caso es el famoso ramo 23 de la Federación, el cual las entidades utilizan de manera discrecional y sin ninguna rendición de cuentas. Si dichos sectores supieran de su existencia y tuvieran un representante que velara por sus intereses y no los propios se ejercería una presión que evitaría desvíos.

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