Recientemente
concluí un artículo que describía el círculo vicioso de la corrupción en los
estados permitiendo los cacicazgos, la corrupción, el desvío de recursos económicos,
pero sobre todo la impunidad. La complicidad abarcaba los tres poderes; el
ejecutivo, el legislativo y el judicial. Y eso permitía que, tanto en la
distribución de recursos como en el orden judicial hubiera monedas de cambio.
A
todo lo anterior es que sale la pregunta, si a todos nos preocupa el tema de la
corrupción, ¿Cómo podemos participar con el propósito de combatirla y abatirla?
¿Cuáles son los medios o instituciones mediante las cuales la sociedad civil
puede participar activamente en política y presionar de forma adecuada a sus
representantes con el objeto de que éstos cumplan con sus funciones?
Un medio son las instituciones
como las organizaciones civiles. Sin embargo, un día tuve el disgusto de acudir
a una de ellas y trataban de problemas que a todos nos preocupaban, sin embargo,
no sabían cómo atacarlo. Queda claro que a la sociedad le preocupa la
inseguridad, la corrupción, el transporte público, el alza de impuestos, los
aumentos de precio, etc.
De
esa reunión me fui decepcionado, ya que no daban soluciones a problemas reales.
Lamentablemente, dichas asociaciones han sido utilizadas con el propósito de
utilizar a gente incauta como capital político en su propio beneficio y en este
caso cito a la hija del Gran Maquío, Tatiana
Clouthier Carillo que ya buscaba posicionarse en otros partidos como el PRI
antes de llegar a MORENA.
El
otro caso que, además, coincido con la Sra. Clouthier, es Gilberto Lozano
González, quien vocifera sobre la corrupción, señala a los corruptos, pero no
da soluciones a los grandes problemas estructurales de nuestro país. Una de las
propuestas de estos grupos era el de adoptar a un diputado y revisar su trabajo
legislativo. Pero ¿Qué conocimientos legislativos tenían sus vigilantes?
Muchos
de estos vigilantes se limitaban a revisar que su diputado o senador no
faltara, que se presentara a laborar en tiempo y forma. Empero, ¿Cómo saber su
productividad? ¿Cómo saber que el trabajo que se hacía redituaba o no? ¿Cómo
evaluarlos sin que hubiera una tendencia ideologizada? Por ejemplo, para
algunos una reforma energética fue una traición, para otros necesaria.
Es
decir, a fin de evaluarlos, se necesitaba una educación y conocimiento en la
materia, de la cual me atreve a decir que hasta muchos legisladores desconocen.
Una amiga de Poza Rica, en Veracruz, una vez me dijo que estaba yo más enterado
de los problemas de su estado y municipio que ella. Por ende, para una
democracia participativa se requiere educar a la población.
Lo segundo implicaría informar y
orientar a sectores vulnerables sobre los derechos que tienen. Un caso es el
famoso ramo 23 de la Federación, el cual las entidades utilizan de manera
discrecional y sin ninguna rendición de cuentas. Si dichos sectores supieran de
su existencia y tuvieran un representante que velara por sus intereses y no los
propios se ejercería una presión que evitaría desvíos.
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