Una
premisa que yo aplico en la empresa privada es; “La responsabilidad no se
reparte, más bien se comparte”. Y es ésta la que debería de aplicarse en un
gobierno, máxime en el gobierno de la cuarta transformación.
Han
sido largos y soporíferos meses escuchando cantaletas como; “Así nos dejaron
el país”, “Es culpa del PRIAN”, “fueron las administraciones
pasadas”, “No podemos cambiarlo todo de un día para otro”, etc. Eso
debieron pensarlo antes de manejarse como una propuesta de gobierno. Como diría
el viejo dicho del pueblo; “SI NO PUEDEN, ¿PARA QUÉ SE ALQUILAN?”.
Como
cité en un artículo anterior, para manejarse como una opción de gobierno, el
presidente de la República debió hacer un diagnóstico y de ahí elaborar sus
propuestas. No andar culpando a las administraciones pasadas máxime cuando hay
una especie de esquizofrenia cuando un día dice que estamos quebrados y al día
siguiente regala recursos de los mexicanos a el Salvador.
Es
verdad que México tiene problemas, el mayor es el de inseguridad y fue una de
las múltiples razones por las que este gobierno llegó con un bono democrático
de 30 millones de votos.
Empero,
cierto es también que no todo fue negro en las administraciones pasadas. Ha
habido cambios y positivos desde los sexenios de Miguel de la Madrid y Carlos
Salinas de Gortari. Quienes, por cierto, nunca se quejaron de que les dejaron
un país quebrado después de la docena trágica que encabezaron Luis Echeverría
Álvarez y José López Portillo.
Un
ejemplo es la apertura a mercados internacionales desde que se firmó el Acuerdo
General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio, mejor conocido como GATT y
que hoy conocemos como la Organización Mundial de Comercio o OMC.
Otro
ejemplo claro es la Ley Educativa, promulgada en época de Carlos Salinas, y sus
respectivas reformas realizadas durante el sexenio anterior. Lo mismo sucede en
materia de seguridad con la creación de la Policía Federal en época del
Presidente Calderón y a la cual no se le dio seguimiento.
Peor
aún, se quiere empezar de cero. Y no solo es en materia de seguridad, es en
otros ámbitos. El problema es que un sexenio es un período relativamente corto
para el primer mandatario, pero a la vez es muy largo para la ciudadanía.
La
ciudadanía, en su legítimo derecho, pedirá cambios pronto. El gobierno, por su
anquilosado sistema, no los puede realizar. Es por ello que, lo mejor era,
hacer un diagnóstico de la situación y de ahí realizar los cambios a seguir.
Cosa que no se está haciendo.
Y en
ese afán de quedar bien con la población, el gobierno de la 4T caerá por su
propio peso. Y no se vale culpar a las administraciones pasadas. Por el
momento, parte de la ciudadanía puede comprar el discurso, aunque los índices
de aceptación van en caída libre.
Cierto
es que, en el algún momento el gobierno de la 4T tendrá que asumir sus
responsabilidades y aceptar sus errores, que son bastantes y dejar de culpar a
las administraciones pasadas que, así como tuvieron muchos desaciertos, también
mostraron aciertos. El problema radica que la cuarta transformación muestra
muchos más desatinos que atinos.
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