Genaro
Estrada fue un diplomático que nació en Sinaloa y a quien se le debe el ideal
central de la política exterior mexicana aplicada desde 1930 y que es mejor
conocida como la “Doctrina Estrada”.
La
doctrina que se origina bajo la experiencia que tuvo México durante su
revolución a inicios del siglo pasado y se manifiesta en contra de que México
decida si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo, especialmente si
viene de movimientos revolucionarios.
En mi forma
personal de ver, dicha doctrina obedecía a que por un lado no queríamos quedar
mal con nuestro vecino del norte, en sus decisiones en otros países, pero
tampoco queríamos que se nos viera que éramos su satélite o un aliado seguro,
por así decirlo.
Precisamente,
es en la Guerra Civil española, donde el General Lázaro Cárdenas interviene en
la ayuda a los Republicanos Españoles. Al respecto, López Mateos se
pronunciaría en Francia de esta manera; “Con España todo mientras que con
Franco nada”. México presionó fuerte para que la España franquista no ingresara
a la ONU.
Con
la anexión de Austria, por parte de la Alemania Nazi, el gobierno mexicano hizo
una firme protesta, pese a que la gran mayoría de la población austríaca estuvo
de acuerdo. Recordemos que Adolf Hitler era austríaco.
México
y, su partido en el poder, serían fundamentales apoyando a Fidel Castro en su
revolución. Tanto él como el Che Guevara estuvieron en México antes de partir
para Cuba.
Con
el golpe de estado, el 11 de septiembre de 1973 contra Salvador Allende, por
parte del General Augusto Pinochet Ugarte, el gobierno mexicano también hizo su
protesta y ayudó a los refugiados chilenos que llegaron a nuestro país.
Lo
mismo podemos hablar de la dictadura de Somoza en Nicaragua y el apoyo
revolucionario que nuestro país brindó. El actual dictador, Daniel Ortega,
estuvo en México en aquel entonces.
Como
puede verse, la Doctrina Estrada ha sido utilizada por los Gobierno revolucionarios
mexicanos a modo y, según su conveniencia. Por un lado, para quedar bien cuando
les conviene como es el actual caso con la República Bolivariana de Venezuela
donde claman por la “no intervención de
los pueblos”.
Con
los gobiernos de la transición, dicha doctrina había sido desplazada y México
se había vuelto un actor importante en la política internacional. Hoy en día,
el actual gobierno se vuelve en cómplice por mantener su silencio ante la
crisis humanitaria que vive el pueblo venezolano.
México
no debe de olvidar que, en 1948 firmó la Carta de los Derechos Humanos de la
Organización de las Naciones Unidas. Tampoco debe olvidar su apoyo ante las
injusticias cometidas por otros regímenes, dictaduras o tiranías. El interés
nacional debe estar muy por encima del ideológico o los compromisos que se puedan
tener.
Por
ende, la Doctrina Estrada no debe ser
utilizada como un pretexto para no condenar un infame régimen. México debe de
mostrar un compromiso con los derechos humanos y no con quien los está violando
constantemente.
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