martes, 22 de noviembre de 2016

Es la hora de las “trumpadas”



”Pobrecito México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”, dicho adjudicado a un agudo Porfirio Díaz, quien fuera presidente de México, en relación a la cercanía que mantuvo el país, desde que su antiguo aliado y maestro Benito Juárez, fuera tan cercano a nuestro vecino del norte como consecuencia de la Doctrina Monroe: “América para los americanos”.
El ídolo del líder mesiánico de Morena, siempre que se iba al exilio lo hacía con su aliado del norte. Poco se habla que casi les cede el istmo de Tehuantepec con el tratado McLane-Ocampo, solo la muerte de Ocampo y el congreso norteamericano evitaron dicha traición. Díaz frenó dicha injerencia invitando a los europeos a invertir en México, una causante de su caída.
Al igual que Porfirio Díaz, y derivado de las crisis económicas, los gobiernos revolucionarios previos al cambio democrático de inicios de siglo, no solo abrieron la economía y sacaron al país del ostracismo, además se dedicaron a firmar tratados comerciales y alianzas con muchos países. Estados Unidos de América, desde luego es un importante socio, sin embargo, no es el único.
Si bien la llegada del candidato republicano a la Casa Blanca no augura cosas buenas para México, tampoco debemos caer en el fatalismo y pensar que es el fin del mundo. Creo que México se muestra como un país más sólido en materia económica hoy en día que lo que sucedía en los años 70’s y 80’s cuando estábamos cerrados al resto del mundo.
Era, además, en esas décadas, cuando mostrábamos más dependencia a los yanquis. No olvidemos como llegó el Secretario de Hacienda de López Portillo a solicitar préstamos que coadyuvaran a nuestro país, “ahora sí que, como dice el viejo dicho mexicano, debo no niego, pago no puedo". Hoy en día hubiera sido motivo de toda una tendencia de escarnio en las redes sociales.
La llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos puede afectar nuestras remesas, que si son importantes en nuestra economía. También puede afectar nuestras exportaciones al vecino país y que perdamos alguna ventaja competitiva ya dañada con la Reforma Fiscal del Pacto por México. En materia turística, somos un país noble y seguiremos recibiendo a nuestros vecinos.

Es en esta importante industria, uno de los motores fundamentales de la economía moderna, donde el líder republicano no tendrá injerencia para México. Los norteamericanos seguirán disfrutando de nuestro sol y nuestros activos turísticos. Y es que ni el Primer Ministro noruego podía evitar que sus ciudadanos visitaran la España franquista pese a que les advertía de la dictadura.

Eso sin contar que, pese a la mayoría republicana en el Congreso estadounidense, el presidente electo no las tiene todas consigo. Trump no tiene todo el apoyo de su partido. La gran ventaja es que, a diferencia de Latinoamérica, en Estados Unidos prevalecerá la institucionalidad anglosajona sobre la persona. Como sea, la gran victoriosa en las pasadas elecciones yanquis fue Rusia.

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