La
Institucionalidad tiene un gran valor. Bien aplicada, evita que las decisiones
se tomen de forma unilateral así como que haya ciertos abusos de forma
individual. En una correcta forma, permite que la sociedad conviva en armonía y
funcione de una forma más democrática. De ahí la importancia de un
fortalecimiento institucional a fin de evitar abusos y corrupción. La
Institucionalidad también puede instaurarse con el propósito de mantener un
sistema corrupto que sirva como engranaje en la economía y sociedad. Ese es el
México que instauró el Cardenismo Nacionalista y Revolucionario. Un sistema que
mantenía viejos vicios y añadía nuevos a la situación contemporánea del país.
Muchos monopolios y cotos de poder vienen de ahí.
Pocos saben que los poderosos
líderes sindicales vienen del México de los años 30 y 40. Recordemos al finado
líder de la CTM, Fidel Velázquez, que duro al mando desde los años 40’s y duró
en el poder hasta su muerte a finales de los 90’s. Él ponía o quitaba
presidentes, a ese grado era su poder. Recordemos frases célebres como: “El que se mueva no sale en la foto”.
Finalmente, para el PRI no importaba la defensa de los derechos del trabajador
sino el número de votos que significaba. Así lo son otros sindicatos también, como
el SNTE, PEMEX o el mismo SME. No importa si el Ejido produce o no, lo que
importan son sus votos, ese era el lema priísta. Sin embargo, el poder
no solo se monopolizaba en el apoyo sindical.
Muchos monopolios empresariales
vienen también de ese México Nacionalista de los años 30 y 40. El pan de caja
con Bimbo, los monopolios de la radio o en su caso la misma Televisa, con
Emilio Azcárraga Vidaurreta, que tuvo su origen precisamente en la Radio. Ese
fue el México, que pese a los ideales revolucionarios de mayor justicia social,
permitió y fomentó, al amparo de su sistema, un desarrollo inequitativo y
monopolista en todos los ámbitos. El Estado, que administraba precisamente las
pensiones, en vez de tener una vocación de servicio a la ciudadanía, se
dedicaba, de forma arbitraria y unipersonal por sus directores, a tomar esas
decisiones, no en beneficio de la población, sino de forma egoísta y personal.
Las crisis de los años ochenta y por
consiguiente de los 90, fue resultado de esas decisiones unilaterales y
egoístas, que no tenían como objetivo el bien común. Recordemos frases como: La política monetaria se llevará desde los
Pinos. Hoy en día, corremos el mismo riesgo. Doce años no han sido
suficientes para corregir lo que el sistema engendró durante casi 8 décadas,
sin embargo y, como siempre, queda latente el riesgo a la regresión. Es por
ello que, un voto de confianza, a la continuidad en estos doce años de
gobierno, permiten el seguir limpiando el sistema y trabajando en la
reingeniería y el fortalecimiento institucional que requiere nuestro país. El
optar por regresar a cualquiera de las dos opciones revolucionarias significaría
un retroceso.


No hay comentarios:
Publicar un comentario