En días
recientes el presidente de la República declaró que sufría de hipertensión.
Cierto
es que se le ve con unos kilogramos de más, el pelo más ralo que ya deja ver su
cabeza en algunas partes si se le ve por arriba y un tono más gris-blanquecino
en la piel. De hecho, si se le compara con Manuel Bartlett Díaz con 20 años más
de edad, se ve más acabado que el Director de la Comisión Federal de
Electricidad.
Lo que
más me llama la atención son esos ojos enormes y desorbitados que se le ponen
cuando habla. Siempre se caracterizó por tener los ojos chicos, máxime de
alguien que estaría muchas horas bajo el sol. Reitero, esos ojos desorbitados
que parecen reflejar locura.
También
es cierto y, sabido por todos, que no está bien del corazón. Pese a que lo de
su ausencia durante la Reforma Energética fue parte de un circo político y
mediático para que ésta fuera aprobada, hay que reconocer que sí ingresó al
Medica Sura y que lo visita un doctor cubano que cobra bastante dinero por
atender su salud.
La edad
tampoco ayuda, mucha presión para alguien adulto mayor y que siempre se
caracterizó por una vida violenta y agresiva, aunque libre de un estrés
laboral. La inteligencia emocional tampoco le ayuda. El ejecutivo es una
persona demasiado visceral y se deja ganar por sus emociones.
Los
corajes de que las cosas no van saliendo bien, y que la gente ya le reclame en
lugares públicos o realicen manifestaciones son un golpe directo a alguien con
un ego demasiado inflado. Como buen ególatra, éste es su talón de Aquiles.
Siempre le fascinó el aplauso público.
Recientemente,
en San Luis Potosí, un grupo de ciudadanos le fueron a hacer un justo reclamo
sobre la problemática que tienen con el agua. Algo que no gustó al presidente y
terminó clamando por un: “no merezco esto”. Se le olvida su trayectoria
como porro golpeador de TODA la vida.
Esa
noche de viernes, se le veía muy molesto y estresado. A esa edad y sin ninguna
dieta no creo que fuera algo agradable para pasar la noche. Al día siguiente
para madrugar no la ha de haber tenido nada fácil. De hecho, es en las
mañaneras donde se ve su verdadero semblante; muy desmejorado.
Con esa
masa de grasa que tiene en el abdomen, la hipertensión y los problemas de
corazón que acarrea no sé que tan fácil le sea para gobernar. Si debería de
hacerse público su estado de salud, por el bien de México.
Pero no
es tanto la salud física la que me preocupa. Si bien las decisiones que toma
pueden ir muy ligadas con ésta, su salud emocional se ve más deteriorada.
Para
alguien acostumbrado a una vida violenta como rijoso político, su escasa
inteligencia emocional y sus desvaríos mentales cada vez son más latentes y
palpables. Y alguien así, no debería de gobernar. Trata de moderarse, pero aun
así no puede.
Solo me
resta concluir lo que alguna vez dije; “un gobierno milenario escogido
por jóvenes millennials”. El ejecutivo en un ególatra autócrata sin
capacidad que está más para ir con un geriatra o un psiquiatra que preparado
para gobernar.
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