Los sucesos
acaecidos los pasados días 7 y 19 de septiembre no solo nos dejaron un profundo
sentido de pérdida tanto de vidas humanas como de material. Le costará a México
recuperarse económicamente al menos un par de años además de la lamentable
tragedia humana que supone la pérdida de tan solo una persona.
Al
igual que la tragedia que, coincidentemente en día, sucedió hace 32 años atrás,
dejó ciertas lecciones y mostró de que está hecho el carácter del mexicano. Si
bien el reciente sismo nos mostró la solidaridad y generosidad que caracteriza
al pueblo de México también dejó al descubierto el alcance de la corrupción e
ineptitud de sus autoridades e instituciones.
A
raíz de lo sucedido en 1985, se creó toda una nueva legislación en materia de
construcción en la capital y un programa de protección civil a fin de evitar
una tragedia igual. En cierta forma, se puede decir que funcionó. Sin embargo
y, con la llegada del Andrés Manuel López Obrador a la Jefatura de Gobierno del
Distrito Federal, en ese entonces, se aplicó el bando 2.
Con
este programa es que floreció la corrupción por parte del gobierno capitalino,
el cual, a través de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (SEDUVI),
concedía los permisos de manera centralista y, las jefaturas delegacionales
que, con un menor margen de maniobra, daban el visto bueno de las
construcciones mediante programas de inspección como el de protección civil.
El
bando 2 consistía en un plan de urbanización en el que se dejaba de construir
edificaciones en la periferia, lo lógico ante el gran crecimiento de la
metrópolis, para poblar las zonas centrales que, según el jefe de gobierno de
ese entonces, estaban perdiendo población. Y eso que despachaba en el edificio
del Ayuntamiento en el Centro. Una de estas delegaciones fue Benito Juárez.
El
objetivo de dicho bando era repoblar el único bastión opositor del gobierno de
la ciudad y la única delegación que ha sido panista desde el año 2000. Lo
anterior tuvo un impacto en la demarcación, sin embargo, afectó mayormente en
la zona oriental. Colonias como Portales, Niños Héroes, Oriente de Narvarte,
San Simón, Independencia, Nativitas, Villa de Cortés, Álamos, etc.
Con un margen de maniobra
limitado, sin dejar de lado su corresponsabilidad, y bajo el yugo de un
gobierno centralista, se dio un desmedido crecimiento poblacional que vino
ligado a un poco restringido crecimiento en las construcciones. Escasez de
servicios como agua y luz son una externalidad que padecen los vecinos de esa
zona. La corrupción emergió en ambas partes.
Derivado de lo anterior, se puede
decir que hoy en día, en la delegación Benito Juárez, el 17% de los inmuebles
damnificados son nuevos. Se violaron las normas de construcción por la
corrupción del gobierno central con la complicidad del local. Por ende, no
queda más que revisar la legislación para construir y fortalecer los programas
de protección, así como difundirlos.
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