Dentro
de los vicios sociales que padecen países como México, además de la corrupción
están el tráfico de influencias y la impunidad. Es por ello que uno de los
grandes logros de las administraciones panistas, a nivel estatal y, en su
momento cuando les tocó gobernar al país, fue el principio de transparencia. De
esta forma, si no se procedía penalmente, al menos se ventaneaba al infractor.
Hay
que resaltar que, no es un caso exclusivo de México, otros países padecen la
misma impunidad y tráfico de influencias, y además en países desarrollados. Recordemos
el caso Watergate que culminó con la
renuncia, por primera vez en la historia de un presidente norteamericano,
Richard Nixon. También el quemón de Clinton por unas grabaciones develadas a
Mónica Lewinsky.
En
España, también se hizo, y así surgieron el caso de la guerra sucia promovida por el estado en el famoso caso de las GAL en época de presidente socialista Felipe
González. También está el caso Gürtel,
por parte del Partido Popular, en las comunidades de Madrid y Valencia, hace ya
casi una década. De la condena por parte de la opinión pública, por corrupción,
no se ha salvado ni su monarquía.
Empero,
en el caso mexicano, hay personas que no solo han mandado al diablo a las instituciones, también pusieron el desorden en esta
materia. Un caso es el del exjefe capitalino, Andrés Manuel López Obrador, quien
no solo violó las leyes al licitar los segundos pisos, dichos archivos
permanecen cerrados para así salvaguardar la imagen del tabasqueño.
De
esta forma, no es la primera vez, que el excandidato presidencial, no está de
acuerdo y busca la manera de darle la vuelta a la transparencia mostrando su
cinismo y doble moral en materia de honestidad
valiente. Su bancada en el Congreso apoyó a regañadientes la famosa Ley 3
de 3, a la que se oponía junto con el PRI, partido que también la promovió a su
manera bajo la presión social.
La
semana pasada, el macuspano, ante la presión política de los demás partidos y
de la sociedad mediante redes sociales, presentó, violando las formas y muy
ajustada a los tiempos que marca dicha ley, su declaración patrimonial. Una verdadera
burla, ya que expuso que “heredó” los bienes a su esposa e hijos, cuando uno está
en vida se llama DONACIÓN. Fungieron como prestanombres.
Al escuchar el video donde él hacía
pública su patrimonio, me pareció estar ante un Gandhi mexicano, obviamente al
ver la fina camisa y el rólex que portaba pues no caí en el engaño del líder “moral” de MORENA. Casi derramo una
lágrima y, hasta me sentí tentado, a regalarle una moneda al pobrecito ni-ni veterano que tiene que vivir
mantenido por su esposa. ¡Qué desgracia!
Así Obrador exhibe su supuesta “calidad moral” por la cual solamente él
decide quienes son “buenos” y quienes
“malos”. Pone en duda, además, el
desapego que tiene a los bienes materiales con las camionetas en las que viaja,
los “bestsellers” que escribe -ya ni la
escritora de Harry Potter, J. K. Rowling- y los modestos 50 mil pesitos que
percibe violentado los estatutos de su partido.
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